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LOS TEMPERAMENTOS: POR QUÉ SOMOS TAN DIFERENTES? Complementarios o irreconciliables?

LOS TEMPERAMENTOS: POR QUÉ SOMOS TAN DIFERENTES?
Complementarios o irreconciliables?

Por qué somos tan diferentes? Por qué hay momentos donde la distancia sobrepasa, enciende, crispa, molesta y cansa?

“Tú lo ves claro, yo no. Yo voy a un tempo, tú exiges otro. Tú quieres que hablemos, yo lo quiero dejar estar. Cuantas veces has dicho, para qué hablar si total haces lo que quieres. Si total cuando empiezo a hablar te pones a la defensiva o te vas.
Como puedes ver, no nos entendemos. No entiendo porqué dices lo que dices, por qué haces lo que haces.”

Tú eres FUEGO, yo soy AGUA.

“Tú quieres hacer las cosas rápidas. De inmediato. Tú dices, Va! Hazlo! Vamos! Para qué esperar? Y yo digo, y si nos lo pensamos más? Y si miramos otras alternativas? Y si después no es lo que queríamos y con las prisas nos equivocamos?
Luego, tú te enfadas, explotas, gritas y dices que no se puede hacer nunca nada, que estás harto de darle tantas vueltas y de tanto esperar para todo. Qué así no avanzamos y que con esta actitud que todo lo frena, no se puede vivir.
Después yo vivo una gran soledad, me falta el acogimiento a mí necesidad, me falta la comprensión para aquello que vive en mí. Y lo vivo cómo una ofensa a mí persona, me cierro y aún me siento más lejos de ti. Vivo tan a menudo, el instinto de irme, de huir de aquí, de esta relación!
Y si aún no tuviera suficiente contigo, nuestra hija reacciona como tú. Te das cuenta del modelo que le ofreces? Pega, chilla, insulta, manda y también exige. Y cuando se pone así, no sé qué hacer ni qué decir. Mira que la trato bien, le doy todo lo que me pide, hago lo que me dice, y encima, sólo recibo que  palabras duras.
Y tú cómo lo arreglas? Chillando más. Y cuando lo veo, se me rompe el corazón, y necesito remediar al que pueda padecer, y lo compenso cediendo.
En la manera de educar tampoco nos entendemos.”

Tú eres AIRE, yo soy TIERRA.

“Tienes tanta energía! Haces y haces y haces y no paras en ningún momento. Te miro y me canso con solo mirarte. Me organizas la vida, me quieres llenar de obligaciones y estoy harto.
Tú me dices que soy apático, lento, demasiado tranquilo y yo te digo que eres nerviosa, dispersa y que siempre hablas.
Tú me dices que haga más cosas, que soy aburrido. Y yo te digo para, déjame hacer las cosas a mí manera y a ver si eres capaz de terminar una de las tantas cosas que empiezas.
Me siento agobiado por ti, me agobias! Y sabes qué hago? Desconecto, hablas y no te escucho porqué vas a la tuya. Así que yo, voy a la mía.
Sí, es verdad. Nuestro hijo también va a la suya, como yo. Y lo entiendo porqué también debe estar cansado de oírte. Todo son explicaciones, consejos y órdenes.
Tan fácil que podría ser y tan difícil que lo haces.”

Y qué podemos hacer con esta diferencia, que en según que momentos, parece irreconciliable?
Se viven impulsos de tirar la toalla, de terminar con la relación porqué parece imposible que nos podamos entender y encontrar.

Un día, el enamoramiento, la descubierta del otro, hacen ver aspectos que uno admira y valora, y con el paso de las experiencias, y con la acumulación de malentendidos y desacuerdos, las cualidades que habían maravillado se transforman en cualidades que desgastan porqué no se comprenden.

De esta forma, la fuerza, el coraje, la nobleza y la generosidad se convierten en rabia, agresividad,  intransigencia e impaciencia.

La sensibilidad, la empatía, la profundidad y la serenidad se convierten en susceptibilidad, rencor, introversión y miedo.

El optimismo, la iniciativa, la creatividad y la sociabilidad se convierten en frivolidad, inconstancia, dispersión e indiscreción.

La objetividad, la constancia, la sensatez y la paciencia se convierten en insensibilidad, pereza, indiferencia y lentitud.

Y llega un día donde la preocupación, la decepción y la impotencia hacía el otro,  se mantienen en el tiempo. Entonces, la negatividad en la que uno está inmerso, atrae más situaciones que vienen a confirmar que uno tiene razón y que tiene motivos para estar como está y para sentir lo que se siente.

De esta forma, la distancia emocional con el otro cada vez es más grande, hasta que un día, se puede crear esta pregunta:

Hay alguna cosa más que enfado, dolor e indiferencia? Se puede vivir diferente lo que estoy viviendo?

Desde aquí, se abre la posibilidad de percibir la cotidianidad desde otra óptica. Ahora, tanto el otro como uno mismo tienen una nueva oportunidad. Se puede pasar de la concepción de obstáculo a experiencias que posibilitan una nueva comprensión  de la realidad humana.

Las listas de defectos son como un termómetro de las necesidades no satisfechas y desestabilizan porqué sólo hay visión para aquello que se quiere evitar y que tanto daño hace.

El CONOCIMIENTO DE LOS TEMPERAMENTOS, equilibra el inventario de las inseguridades con el redescubrimiento de las potencias y fortalezas, promueve la aceptación de uno mismo y del otro y la adquisición de herramientas emocionales y educativas para ofrecer el que cada uno necesita.

Una tendencia habitual es la de querer cambiar al otro, que desarrolle el que no tiene. Esto es fuente de frustración y culpabilidad porqué quien lo recibe, no puede ofrecer el que el otro espera y pide.

El adulto y el niño/a que tienen una gran presencia del TEMPERAMENTO COLÉRICO, para poder desplegar la seguridad en sí mismo, la responsabilidad y el liderazgo positivo necesita aprender a querer a su fuego y adquirir herramientas para encaminar sus fuerzas e impulsos. Así mismo, el TEMPERAMENTO MELANCÓLICO necesita aprender a convivir con su tierra y sensibilidad para desarrollar su vertiente nutritiva, comprensiva y profunda; el TEMPERAMENTO SANGUÍNEO, para poder desplegar la positividad, la innovación y la confianza en él, necesita aprender a convivir con su aire y equilibrar su sistema nervioso; y el TEMPERAMENTO FLEMÁTICO necesita aprender a querer a su agua y a su deseo de bienestar, para desplegar la capacidad  de reflexión, claridad y armonía.

El conocimiento de los cuatro Temperamentos pretenden liberar las fuerzas cerradas y estancadas para ponerlas en movimiento y conquistar la plenitud de toda la persona, en todos sus ámbitos.

La mayor comprensión se expande a través de uno mismo, y reverbera en el exterior, pasando por la pareja y los hijos, compañeros de trabajo, y todas aquellas personas con la que uno se vincula. La apertura y expansión de las cualidades permiten crear nuevos vínculos, impregnados de una mayor conciencia y presencia. Desde aquí, la diferencia ya no es el enemigo sino una distancia para sumar complementariedades y grados de autoconocimientoautorrealización.

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