Holly

HOLLY: LA ENVIDIA, LA RIVALIDAD Y LA OTRA CARA DE LA MONEDA.

HOLLY:
LA ENVIDIA, LA RIVALIDAD
Y LA OTRA CARA DE LA MONEDA.

¿Qué nos dicen la envidia y los celos?

«Yo quiero lo que tú tienes. Lo mío es insuficiente. ¡Tiene poco valor y no lo quiero! Estoy enfadado contigo y el mundo porque la vida te trata mejor que a mí. Pienso que no es justo que sea así, y deseo que lo que hagas no te salga bien, deseo que fracases y de esta manera, tendré a ojos del mundo, más valía que tú.

¡Estoy harto de que siempre te alaben! Y me indigna cuando se dice una palabra agradable de mí, y percibo que es falsa. ¡Uy, que no tenga celos! ¡Pero si lo noto de lejos, él es el predilecto!

Y he aprendido a querer tu suerte, tu inteligencia, tu simpatía, tu belleza, tu posición, tu salud y tu fortuna. Y empecé queriendo tu juguete, tu rapidez, tu destreza, tu popularidad, tus notas y tu suerte. ¡Qué rabia me haces!
Y siempre con esta pregunta: ¿Porqué tú sí y yo no?

Sabes, no soy feliz, me siento insatisfecho, profundamente insatisfecho. Me siento lejos de ti y si pudiera te sacaría fuera de mi vida. Incluso puedo notar, que si esto dura más, te acabaré odiando y lo más triste es que me acabaré odiando a mí mismo para todos estos sentimientos inevitables que se generan en mí.»

Una de las fuentes de la envidia es la negación al que la vida lleva. Querer un hijo y no una hija o a la inversa, querer unas cualidades en él o ella, y no otras. Expectativas que no se hacen realidad y desde la reactividad y la frustración se compara y no se acepta lo que el otro es.

«Mira tu hermana, ella sí es generosa. Ella sí estudia. Y no como tú, que sólo piensas en jugar, ver la televisión y perder el tiempo.
Mira tu primo y el hijo de los vecinos, ellos sí son ordenados. No como tú, que tienes la habitación que ni los cerdos vivirían. ¿Has visto que son amables y considerados? ¡Aprende! ¡Es que tú pareces el rey y señor de todos! ¡No sé a quien has salido!»

Expresiones como estas son dichas desde la incomprensión y la impotencia. No se comprende porque el otro hace lo que hace, a pesar del esfuerzo por educar en valores y responsabilidad. No saber qué estrategia utilizar para que aprenda y sea como debería ser. El resultado de estos juicios y comparaciones es creer que la forma de ser de uno mismo es insuficiente, insatisfactoria y punible. Entonces, para sobrevivir en este medio cada vez más ácido, se despierta la lucha por la existencia. El más fuerte, duro y competitivo gana. La cuestión es destacar en algún ámbito. Si no se puede a través de los estudios, será a través de un deporte, del que se muestra más rebelde y agresivo, está más musculado, tiene más buen tipo o tiene más nivel en videojuegos.

En la adolescencia esto se acentuará y más adelante el adulto lo seguirá reproduciendo. Escalar posiciones en el trabajo para ser considerado, tener un gran coche, casa, joyas, marcas, todo lo que ofrezca la sensación de éxito y seguridad, y en las relaciones, luchas constantes por ser el más líder, el más deseado y el que ocupa más espacio y reconocimiento.

Esta construcción falsa de autoestima crea separación, una permanente frustración y un corazón que cada vez se endurece y se oprime más. La queja, la desconfianza en que los demás puedan hacer algo para manipular y engañar, la rivalidad y el no poder vivir con alegría el éxito del otro, pueden ser el modus vivendi del día a día. Ante este peligro, siempre inminente, sólo se puede continuar luchando y defendiendo a capa y espada todo lo conseguido, una torre de oro y cristal con fundamentos de papel y paja.

Como despertar de esta realidad?

Reconoce las emociones que se generan en ti y respíralas.
Forma parte de ser persona vivir envidia, celos y rivalidad. La cuestión es: ¿Qué haces con estas emociones?
¿Integrarlas en ti o negarlas? ¿Aceptarlas o rechazarlas? Ellas quieren que las reconozcas porque no te hacen «peor» persona, sino al contrario, te hacen más sincera y auténtica. A partir de ahí, observar con valentía los miedos y las creencias limitantes que aparecen, respíralos, y date tiempo para escuchar qué necesidades vitales hace falta que satisfagas (autoafirmación, apoyo, comunicación, espacio, descanso, confianza, contacto físico, comprensión, estabilidad, …).

– Valórate.
Empieza por ti. Encuentra lo que es único y valioso en ti. Siente tu ADN, tu fuerza y ​​tu huella propia. Si no lo encuentras, saca capas, máscaras y dudas. Si lo encuentras, date permiso para ser y brillar.
Cuando lo harás contigo, lo podrás hacer con los demás.

– Acompaña a tu entorno a encontrar su valor.
Con la pareja: Acepta su individualidad. Deja que pueda expresar libremente su diferencia. Otras maneras de pensar, de sentir, de hacer. Otros tempos, otras prioridades, otras formas de educar y otras palabras para expresar tanto el desacuerdo como la alegría.Con los hijos y alumnos: Observa el tesoro que hay dentro y fuera de cada niño/a y adolescente. Pregúntate: ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Qué necesitas? ¿Con qué actitud mía, te puedes sentir feliz de ser quien eres?

– Un lugar seguro.
Primero siente tú este lugar seguro en el mundo. Pasa de la lucha al arraigo en ti mismo, del miedo a la confianza, porque aunque haya movimientos en tu vida, siempre hay estabilidad cuando tu anclaje surge del interior.
Siente en el corazón de tus padres un espacio lleno de amor que es legítimamente tuyo. Aunque te hayas quedado con una imagen contraria, raíz de las experiencias vividas, en lo más profundo de ellos te han regalado lo mejor que tenían.

– Ocupa todo tu espacio y deja libre el espacio del otro.
Ofrece lo mejor de ti, en cada momento, haciendo lo que te corresponde, ni más, ni menos. Desde el equilibrio, coge tu espacio y pronúnciate. A partir de aquí, deja que el otro haga su proceso, y acepta que tiene un ritmo y unas necesidades diferentes. Deja de sobreproteger, deja de interferir y ocúpate de lo que te tienes que ocupar.

– Vive Amor a la vida.
Hay motivos en la vida para sentirte agradecido, lleno y unido. Búscalos, siéntelos. Si los identificas y cada día lo ejercitas, tu percepción de la realidad será más positiva, proactiva y nutritiva.Si sientes que tu vida está vacía y que no recibes el amor que mereces, reenfoca tu mirada, porque la mente siempre termina demostrando las creencias limitantes que debilitan y empobrecen.

– Expresa tu rabia.
Existe un tipo de lenguaje que pone nombre a la cólera de una manera responsable y respetuosa. Se puede decir intensamente y con tono fuerte, todo aquello que piensas. Habla desde ti y deja intacta la dignidad y la vivencia del otro.
Según las palabras que utilices podrás ayudar a construir o destruir.

– Manifiesta tu fuerza.
La fortaleza es diferente de la dureza. La fuerza se genera cuando se supera un reto, cuando tus acciones tienen valor y coraje para afrontar los miedos al rechazo, a la crítica y al desmerecimiento.
Practica la asertividad y expresa lo que te pasa, directamente a la persona con la que se ha generado la situación. Desde aquí, podrás acompañar a los niños/as y adolescentes a ser valientes para afrontar con claridad todo lo que les pase.

– Di un Sí a Ser.
Dentro de cada uno están las dos caras de la moneda, las fortalezas y potencialidades y las sombras e inseguridades. Las dos forman parte de ti, por lo tanto, acógelas y crece con ellas. De esta manera podrás sentir que vale la pena Vivir y Amar lo que Eres y que vale la pena Vivir y Amar lo que los demás Son.

 

* Este artículo forma parte de la saga de Esencias Florales del Sistema Bach. La esencia Holly, Ilex Aquifolium, y en castellano Acebo, ayuda en el desbloqueo y transformación de las emociones expuestas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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